sábado, 22 de marzo de 2014

América Latina en la transición hegemónica
Raúl Zibechi  (La Jornada-México-21.03.14)
E
s probable que estemos ingresando en el núcleo duro de la transición hegemónica, tanto a escala global como en la región latinoamericana. Los sucesos de Venezuela y Ucrania, sumados a los de Siria y Sudán, a los que cada mes se sumarán otros, parecen indicar que la transición hacia un mundo post estadunidense se acelera dejando una estela de crisis económicas, sociales y humanitarias. Una transición hegemónica no puede producirse sin crisis y guerras, nos agrade o no esa perspectiva.
No es fácil explicar las razones por las cuales en este momento la estrategia de Estados Unidos se endureció buscando la caída de gobiernos como el de Nicolás Maduro. Es cierto que el simple paso del tiempo juega en contra de los intereses de Washington. ¿O puede haber influido el anuncio del ministro de Defensa de Rusia, Serguei Shoigu, de que está negociando instalar bases militares en Cuba, Venezuela y Nicaragua, algo que el Pentágono debe saber desde tiempo atrás? (Russia Today, 26/2/14)
Es cierto que los supuestos anfitriones de las bases rusas negaron en los días posteriores al anuncio esa eventualidad, pero ¿qué otra cosa podían decir? Sería la evolución razonable de los importantes vínculos políticos y militares que esos tres países mantienen desde hace años con Moscú.
Al parecer la Casa Blanca está probando las respuestas de sus aliados. Esa es al menos la lectura que hace el Laboratorio Europeo de Anticipación Política en su boletín mensual, donde señala que la crisis en torno a Ucrania es el modo de evitar una alianza Rusia-Unión Europea con la que Alemania parecía sintonizar. La torpe actitud estadunidense y de Bruselas de apoyo a los neonazis ucranios forma parte de una estrategia consistente en “reconstruir la cortina de hierro en 2014 y aislar a Europa de todas las actuales dinámicas de los países emergentes que nos unen a Rusia, como Ucrania nos unía a Rusia” (Geab No. 83, 15/3/14).
La crisis europea actual es el segundo capítulo del ataque que sufrió el euro desde 2010, continuado por el proyecto TTIP (Asociación Trasatlántica para el Comercio y las Inversiones) con el objetivo de neutralizar la construcción de una Unión Europea autónoma y, según el citado think tank, obligarnos a comprar el gas de esquisto estadunidense, que no puede ser vendido sin ese acuerdo, lo que cerraría el círculo de la anexión de Europa a la zona del dólar.
En América Latina estamos viviendo la tercera transición hegemónica. Para tener alguna idea de los caminos que puede tomar la actual transición, no contamos con manuales sino con la rica experiencia histórica de nuestros pueblos, jalonada tanto de potentes protagonismos populares, indios y negros como de traiciones, masacres y genocidios. Una vez más, el resplandor del pasado nos ilumina.
Recapitulemos: la primera transición sucedió entre 1810 y 1850, aproximadamente, y selló la suerte del dominio español y portugués y entronizó la hegemonía británica. Donde hubo virreinatos de la corona española, nacieron repúblicas dominadas por oligarquías criollas asentadas en haciendas agroexportadoras y el libre comercio. Esta transición aplastó las revoluciones de abajo: las revueltas de Túpac Amaru y Túpac Katari en Cusco y la actual Bolivia (1780-1781), la revolución haitiana (1804) y las luchas independentistas más radicales como las encabezadas por José Artigas en el sur y Miguel Hidalgo y José María Morelos en el norte, entre muchas otras.
La segunda transición hegemónica, del dominio británico al estadunidense, entre el comienzo de la Primera Guerra Mundial (1914) y el fin de la Segunda (1945) fue precedida por la Revolución Mexicana (1910), tuvo jalones como la revolución boliviana (1952), la insurrección del proletariado argentino (17 de octubre de 1945) y el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, que inauguró La Violencia colombiana (1948-1958).
En este periodo nacen nuevas instituciones, partidos de izquierda y sindicatos en particular, donde se organizan trabajadores y campesinos devenidos en las fuerzas motrices del cambio social, ocupando el lugar de las anteriores montoneras de las guerras por la independencia. Pese a sus victorias, los de abajo se vieron nuevamente desplazados, ya no por los criollos desgajados del colonizador sino por la alianza entre la burguesía industrial y el Estado nación, con variaciones en los diversos países, que se apoyaron en cierto desarrollo fabril destinado a sustituir importaciones.
Es probable que la actual transición haya comenzado, en un sentido laxo, con el caracazo de 1989, al que sin rubor podemos vincular, en cuanto a su trascendencia histórica, con la revuelta de Túpac Katari. El encadenamiento de levantamientos y revueltas es bien conocido; entre el primero de enero de 1994 y la marcha en defensa del TIPNIS (Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure) en Bolivia (2011) se registraron dos decenas de marejadas populares que modificaron la relación de fuerzas en la región.
No tengo la menor duda de que los de abajo están en condiciones de derrotar a los de arriba, aunque éstos le den la mano al imperio. Los últimos embates en Venezuela muestran dos novedades: un alto nivel de violencia y el involucramiento paramilitar desde Colombia en apoyo de una derecha que cuenta con el respaldo de las clases medias, en particular profesionales y técnicos cuyo modo de vida es cada vez más cercano al de la burguesía.
El principal problema que se puede otear en el horizonte es que se repita la secuencia de las dos transiciones anteriores: que el derroche de vidas y los triunfos de los de abajo en el campo de batalla sean apropiados y utilizados por un arriba reconfigurado para perpetuar la dominación. Para evitarlo, lo primero es preguntarnos quiénes son los criollos y los burgueses de hoy, aquellos que, agazapados en las marejadas populares, surfeando sobre el oleaje de los de abajo, están en condiciones de convertirse en una nueva clase dominante.

miércoles, 22 de enero de 2014

Una reflexión a tomar en cuenta.

El capital en el sanatorio de Davos
Alejandro Nadal
L
os ricos y famosos se dan cita en Davos para el Foro Económico Mundial. La reunión de este año se inició ayer con una retórica manipuladora. El triunfalismo sigue intacto, pero ahora se encuentra convenientemente atemperado. Se impone el mensaje central de que la economía mundial se recupera. Pero ese anuncio es suavizado con un alarde de falsa humildad, pues se reconoce que hacen falta estructuras de gobierno para encauzar mejor la globalización. Nada mejor para desviar la atención que admitir que la globalización neoliberal tiene algunas fallas y que es necesario corregirlas.
Desde hace tres años se habla con insistencia en Davos de los retoños verdes, testimonio de la recuperación de la economía mundial. Esos supuestos brotes van desde la reducción en el desempleo en Estados Unidos hasta el hecho de que ya no se habla de la salida de Grecia de la esfera euro. Se dice que otras señales de que la crisis es historia son el tímido repunte en la economía estadounidense y el anuncio de que la Reserva Federal seguirá reduciendo su programa de compras de activos e inyección de liquidez. Por último, se insiste en que el dinamismo de los mercados emergentes constituye un factor prometedor para la economía mundial. Los personajes que se dan cita en el carnaval de Davos se regocijarán al escuchar sus fantasías sobre la globalización. Pero el resto del mundo se estremecerá al entender el mensaje: las cosas no van a cambiar, el estancamiento llegó para quedarse un buen rato y la desigualdad seguirá empeorando.
El análisis de los signos vitales de la economía mundial confirma que los brotes verdes son una ilusión óptica. Primero, la economía de Estados Unidos ha ingresado en una fase de semi-estancamiento que durará varios años. La principal causa es que los agentes no terminan de salir del sobre-endeudamiento y la reducción del apalancamiento seguirá frenando el consumo. El sistema financiero estadounidense mantiene la misma estructura que generó la crisis. Además, la guerra contra los salarios seguirá siendo el factor clave para explicar el desplome de la demanda agregada y la caída en la inversión productiva.
Al crecimiento mediocre le seguirá un profundo deterioro del mercado laboral en Estados Unidos. El desempleo amplio (que incluye a los que abandonaron la búsqueda de empleo y a los que desean un empleo de tiempo completo pero no lo encuentran) hoy rebasa 14 por ciento. Vaya retoño verde.
La desigualdad en Estados Unidos expresa el fracaso de la teoría neoliberal de que la riqueza termina por filtrarse de las capas más ricas a los pobres. O como dijo el maestro de cinismo, la teoría del goteo (trickle-down) siempre es válida porque en la medida en que los caballos de los ricos coman abundantemente, a su paso siempre dejarán algunos granos en los montones de estiércol.
La economía en Europa no está mejor. Mientras la integración neoliberal no se modifique de raíz, el estancamiento persistirá. La asimetría europea está peor que nunca. Alemania mantuvo el crecimiento del PIB per cápita, pero el resto de Europa está estancada o en caída libre (sobre todo Grecia, España, Portugal, Italia y hasta Francia). La austeridad frenó el crecimiento y llevó a un problema de desempleo estructural inédito.
China tiene un problema de fuerte adicción al crédito. El capitalismo chino no es distinto: el endeudamiento ha sido el motor del crecimiento, pero el exceso terminó por crear una cascada de burbujas que constituye grave amenaza para toda la economía. Las reformas en China deben pasar por un aumento de la demanda agregada doméstica. Pero eso pasa por aumentar salarios, lo que restaría competitividad internacional. Aún si dicha transformación estructural es exitosa (y eso está por verse) en la transición el crecimiento será mucho menor al experimentado en las últimas dos décadas.
El principal problema de la economía china es el exceso de capacidad instalada. El indicador clave es el nivel de capacidad instalada ociosa que alcanza el 20 por ciento en una muestra de 3 mil 500 empresas industriales. Los peores ejemplos están en la industria de cemento, aluminio, vidrio, construcción naval y acero. Para afrontar esta parte del problema la directiva china ha impuesto condiciones severas, entre las que destacan el freno a nuevas inversiones. No es la mejor receta para promover el crecimiento.
Así que quedan los (muy) mal llamados mercados emergentes. India y Brasil no pueden constituirse en motores de la economía global. Ambas economías enfrentan serios problemas internos. En Davos se hablará de México e Indonesia, como los nuevos chicos del barrio. Pero ni son tan nuevos ni están en buena salud. Sus contradicciones les impiden crecer de manera sostenida.
La importante novela de Thomas Mann La montaña mágica (1924) se desarrolla en el sanatorio Berghof en Davos. Ahí iban los consentidos del sistema a curarse, como le recordara Naphta a Hans Castorp. Hoy el capitalismo mundial es el que necesita una cura, pero no la encontrará en Davos.
Twitter: @anadaloficial
La Jornada, México, 22.01.14

sábado, 15 de junio de 2013

El estado de la integración "¿ALCA II?"

En la reunión sobre inserción externa el debate ha derivado, como era lógico, a la situación actual de los procesos de integración y la emergencia de la Alianza del Pacífico. Aquí va un buen artículo de Alfredo Zaiat, publicado en el diario Página 12 (Se puede consultar este y otros en el link de este mismo blog). Pensemos, como tantas veces hemos hecho a lo largo del curso, en las consecuencias estructurales, económicas y sociales, de este tipo de integración.  El propio autor se refiere, de paso a este aspecto esencial para el futuro de los países y sus sociedades.

Por Alfredo Zaiat
Página 12, 15-VI-13
La Declaración de Lima se presentó en abril de 2011, luego se firmó El Acuerdo Marco de Antofagasta, en junio de 2012, para irrumpir con fuerza la Alianza del Pacífico con la Cumbre de Cali del 23 de mayo pasado en el tablero regional. La integran Colombia, Chile, Perú y México. En ese último encuentro de los presidentes de esos países fueron aceptados en calidad de observadores Ecuador, El Salvador, Francia, Honduras, Paraguay, Portugal y República Dominicana, que se unieron a España, Nueva Zelanda, Guatemala, Australia, Japón, Uruguay y Canadá, que ya lo eran. Costa Rica solicitó ser incorporado como miembro pleno. En la Declaración de Cali definieron la desgravación total de aranceles para el 90 por ciento del universo de bienes comercializados entre sus economías, y para el 10 por ciento restante se proponen alcanzar arancel cero en los próximos siete años. Ya han eliminado requisitos de visado para los ciudadanos de cada uno de los países miembro y proclamaron la aspiración de avanzar rápidamente hacia la creación de un mercado común. Un aspecto no menor es que los cuatro integrantes de la Alianza del Pacífico han suscripto en forma bilateral un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Mientras Brasil no asume con convicción un liderazgo positivo en la región y las instituciones de integración latinoamericana (Unasur, Mercosur, Alba, Celac) exhiben una inédita armonía política con escasos avances en materia económica y financiera en un contexto internacional complicado, emerge de la mano de Estados Unidos el proyecto ALCA II.
En noviembre de 2005, en la Cumbre de Mar del Plata, América latina, liderada por Lula, Chávez y Kirchner, clausuraron el proyecto de liberalización comercial ALCA impulsado por el presidente de Estados Unidos, George W. Bush. Transcurrieron siete años desde entonces, y la potencia mundial volvió a posar su mirada en Latinoamérica, motivada por la creciente presencia en la región de la potencia emergente, China. El segundo período del gobierno de Barack Obama comenzó con una agenda más activa vinculada con su área de influencia más cercana.
En Alianza del Pacífico: ¿El nuevo club neoliberal?, publicado en la red alainet, José Fortique explica que algunos especialistas en el tema geopolítico señalan que la nueva estrategia de los Estados Unidos con los Tratados de Libre Comercio es contener a China, que ha mostrado su fuerza con una diplomacia activa a nivel global. “La creciente inversión china en América latina en sectores mineros y energéticos se ha diversificado a la infraestructura”, indica, agregando que con abundancia financiera ha permitido a algunos países escapar del Fondo Monetario Internacional. Fortique plantea que el objetivo de la Alianza del Pacífico es el regreso “al proceso de reestructuración neoliberal de los ’70 a los ’90, como alternativa al proteccionista modelo de industrialización por sustitución de importaciones”.
En términos geopolíticos y económicos, el proyecto de construir otro canal de comunicación entre los océanos Atlántico y Pacífico en Nicaragua por parte de empresas chinas invirtiendo 40 mil millones de dólares a cambio de administrar la concesión por 50 años prorrogable por otro período similar, expone en toda la dimensión la disputa que se desarrolla en un territorio considerado de exclusiva influencia estadounidense. La relevancia del futuro Canal de Nicaragua queda en evidencia recordando el espacio clave en varios aspectos que tuvo el Canal de Panamá para Estados Unidos.
La Alianza del Pacífico marca el regreso con fuerza de la idea de la apertura pasiva al comercio mundial, reservando para América latina el papel de proveedora de recursos naturales, materias primas agropecuarias y alimentos. Con amplio apoyo de corrientes conservadoras y de grandes medios de comunicación, tiene asegurada su publicidad como la estrategia para alcanzar la bonanza en los países de la región. Colombia, Perú, Chile y México son economías exportadoras de petróleo o minerales, promotores del libre comercio y de políticas económicas ortodoxas. Economías de rápido crecimiento abrazando la globalización sin avances sustanciales en materia social ni en mejoras en la distribución del ingreso. El Producto Bruto Interno conjunto suma unos dos billones de dólares, 35 por ciento del total de América latina, un poco por debajo del contabilizado por Brasil, la potencia regional.
En la partida que disputan Estados Unidos y China en América latina, con la Alianza del Pacífico como un peón más de ese tablero, el comportamiento de Brasil es vital en la definición del rumbo de la integración latinoamericana. El permanente bombardeo al Mercosur es una señal de alerta, facilitado por un par de años de crecimiento muy bajo de Brasil y Argentina que provoca complicaciones al proyecto de integración. El establishment y la intelectualidad tecnocrática brasileña proponen desestimar las situaciones relativas de los socios del bloque porque sostienen que de ese modo Brasil está perdiendo relevancia política y económica en el continente, sugiriendo entonces un acercamiento a Estados Unidos. En ese fuego cruzado, Brasil necesita reafirmar su liderazgo regional para poder ser reconocido como tal en el escenario mundial de multipolaridad que tiene al grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China) como protagonista. Para ello, transitar un camino parecido al de la Alianza del Pacífico lo desplazaría a ser un actor subordinado de la política comercial y exterior de Estados Unidos, mientras que mantener su actual estrategia pone en tensión las estructuras de integración regional. En estos años, Brasil está imitando el comportamiento de Alemania con el resto de los países europeos: busca preservar e incluso aumentar el superávit comercial con sus socios y dilata el despliegue de los proyectos de construir una estructura financiera regional.
En El Cisma del Pacífico, publicado en la red sinpermiso.info, el profesor de política económica en la Universidad Federal de Río de Janeiro José Luis Fiori explica que históricamente el proyecto de integración regional “nunca fue una política de Estado, yendo y viniendo a través del tiempo como si fuese una utopía ‘estacional’ que se fortalece o debilita dependiendo de las fluctuaciones de la economía mundial y de los cambios de gobierno dentro de la propia América del Sur”. Apunta que durante la primera década del Siglo XXI los nuevos gobiernos del continente, que caracteriza de izquierda, sumados al crecimiento generalizado de la economía mundial –entre 2001 y 2008– reavivaron y fortalecieron el proyecto integracionista, en particular el Mercosur, liderado por Brasil y Argentina. Fiori destaca que después de la crisis de 2008 ese escenario cambió. “América del Sur se recuperó rápidamente, empujada por el crecimiento chino, pero este éxito de corto plazo trajo de vuelta y viene agudizando algunas de las características seculares de la economía sudamericana, que siempre obstaculizaron y dificultaron el proyecto de integración, como el hecho de ser una sumatoria de economías primarioexportadoras paralelas y orientadas por los mercados externos.” América latina, con Brasil ejerciendo un liderazgo ambicioso para la construcción colectiva de la integración, no para fortalecer su carácter de potencia hegemónica regional, enfrenta un reto mayúsculo: desafiar el destino de ser un actor pasivo en la división internacional del trabajo definida por las viejas, actuales y nuevas potencias mundiales, quedando Brasil en la condición de “periferia de lujo”, como describió Fiori, o trabajar en la profundización de la integración productiva industrial y construcción de una arquitectura financiera regional. La primera opción tiene como desenlace el ALCA II.
azaiat@pagina12.com.ar
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lunes, 10 de junio de 2013

Reunión 8: Desarrollo territorial

Resumen de la reunión del 4 de mayo: El desarrollo territorial en América Latina.  

Los textos comentados durante la última reunión del curso giraron en torno a la relación entre el proceso de globalización y el modelo de desarrollo territorial en América Latina. En el texto de Sergio Boisier, el desarrollo ha de entenderse, en general, como un proceso necesariamente local que puede interpretarse de tres formas: primero, como algo surgido de la matriz de la estructura productiva local; segundo, como un proceso endógeno de la economía; o tercero, como el empoderamiento de los agentes económicos y sociales de un territorio específico. Tras aclarar esto, el autor juzga que América Latina debe buscarse un hueco en la globalización y destaca, a este respecto, que la forma más adecuada para ello es a través de los proyectos de integración regional y de la apertura comercial de las economías nacionales.

Ahora bien, la globalización, en tanto que fase tecnocognitiva del sistema capitalista, se presenta, al menos en teoría, como una oportunidad para aumentar no ya únicamente la competitividad de las economías latinoamericanas, sino también, y es esto lo que nos atañe, mejorar las actividades productivas y el bienestar social en las zonas periféricas de toda la región. Cabría preguntarse, a la luz de esta afirmación, si la dimensión territorial de la globalización se corresponde con lo anterior. Dicho de otro modo, ¿qué impacto ha tenido la movilidad de capitales sobre el territorio? ¿Lo ha devaluado de cara al mercado o ha facilitado su especialización? Dar una respuesta concluyente a esta cuestión en absoluto es fácil, sobre todo si tenemos en cuenta que el sistema económico mundial se ha convertido, qué duda cabe, en un espacio de comercio único en el que las unidades productivas, principalmente las empresas multinacionales, pueden desplazar sus inversiones de un territorio a otro a fin de aprovechar las ventajas que ofrece cada uno. Entonces, ¿cómo se puede impulsar el desarrollo local en América Latina en el contexto de la globalización? Según Boisier, la globalización puede ser beneficiosa en la medida en que haya un proceso de integración comercial previo y que se creen nuevos centros de aglomeración que ofrezcan mayores economías de escala al tejido empresarial latinoamericano. De lo que se trata, pues, es de relanzar la competencia a escala regional, de reconvertir la estructura económica y diversificar los mercados a los que se destinan los bienes y servicios producidos. Y para ello, la producción debe realizarse en forma de red, incorporando en ella a diversos agentes, desde empresas privadas hasta instituciones educativas, y siguiendo unas pautas de organización más horizontales.

De otro lado, el texto de Francisco Alburquerque muestra cuán relevantes son las estrategias latinoamericanas de desarrollo local en la actualidad. Éstas surgieron, afirma el autor, como una respuesta «desde abajo», desde la sociedad, a las sucesivas crisis económicas de los años ochenta y noventa y a la incapacidad del Estado para articular políticas que lograsen mitigar los efectos de las fluctuaciones cíclicas en una región o una localidad. No obstante, el gran reto al que se enfrentaron —y aún se enfrentan— éstas estrategias no es otro que la falta de un acuerdo institucional respecto de las cuestiones territoriales: no hay una continuidad en estas iniciativas socioeconómicas en gran parte porque no se ha alcanzado un consenso suprapartidista a propósito de su contenido y su forma, de tal suerte que resulta imposible plantear hoy una estrategia territorial coherente a largo plazo. En todo caso, para que un proyecto de esta naturaleza pueda llevarse a buen término, es imprescindible conjugar la iniciativa de los agentes privados, ciudadanos y empresas, con la acción pública de las distintas administraciones del Estado. Así, por ejemplo, en el ámbito local, los ayuntamientos y las micro y pequeñas empresas, el grueso (más del 90 por cien) del tejido empresarial de América Latina, deberían colaborar para definir entre sí políticas mesoeconómicas (relativas, entre otras cosas, a la innovación, la formación, el acceso al crédito y a la organización del territorio) que promuevan, como se ha visto en Boisier, la articulación de una red local mipymes; todo ello permitiría aumentar la productividad de estas empresas, mejorar su organización interna y la calidad de sus productos e incrementar su cuota de mercado. Los planes estratégicos llevados a cabo en algunos estados de Brasil son buenos ejemplos de esto, ya que han favorecido, con cierto éxito, la producción en pequeños espacios. Otro caso, más complejo que el anterior, es el de Bolivia, en el que se han combinado diversos planes de desarrollo local con un plan nacional de desarrollo... Finalmente, ya en las antípodas, cabría destacar el programa «Chile emprende», suspendido tras el último cambio de gobierno, a través del cual se buscaba impulsar el desarrollo de la economía chilena siguiendo un modelo tradicional de concertación entre el Estado central, los ayuntamientos y los empresarios.

En definitiva, las estrategias e iniciativas territoriales, resultado éstas de la llamada innovación social de los años ochenta y noventa, con la que se intentaba incluir a la sociedad en los procesos económicos y crear una nueva cultura de participación ciudadana, se enfocan en el desarrollo de las economías locales y en el progreso social. 

Observación: José Ignacio Díaz

Reunión 7: Inserción externa e integración


OBSERVACIÓN DE LA REUNIÓN DE 28 DE MAYO DE 2013 CORRESPONDIENTE AL TEMA INSERCCIÓN EXTERNA Y LOS PROCESOS DE INTEGRACIÓN.

En la reunión de hoy el primer tema a tratar o debatir es la lectura de Ferrer sobre “ América Latina y globalización”. 

La lectura se divide en dos partes: 

                -La relación especial de América Latina con la Globalización. En esta parte de la lectura se realiza un recorrido histórico por las diferentes etapas del proceso de globalización.

               -En la segunda parte de la lectura se trata sobre los riesgos sistémicos de la Realidad de América latina. Se tratan temas como la concentración de la riqueza, la poca movilidad social entre estratos sociales, un régimen político marcado por las especificidades coloniales y un  análisis de las variables económicas las cuales desarrollo más adelante por ser el tema en el que se centraron los compañeros.

En lo que ha tema de economía se refiere, el problema clave en la región ha sido el de encontrar un modelo económico que prime el desarrollo y aminore el atraso económico de América Latina con otras regiones mundiales. Otro de los problemas de la región en cuanto al tema de la globalización es su inserción externa y su desfavorable situación en el flujo de tecnología para el desarrollo de sus recursos endógenos, para ello aparece la idea de desarrollo territorial.
Lo que parece dejar claro el texto según mis compañeros es un cambio en el modelo productivo de las estructuras productivas y sociales, y que estos cambios sólo se consiguen a través de la política.

El segundo texto a tratar hoy es el de Déniz, en el cual se abordan los temas de las reformas comerciales, la dependencia del sector primario en algunos países y la mala integración exterior y siempre como telón de fondo y problema el modelo económico. Para este autor la región debería de apostar por la diversificación en el tipo y lugar de destino de las exportaciones intrarregionales, el reforzamiento de las relaciones sur-sur . Un inremento de las exportaciones manufactureras. Por último señala los costes sociales de la industrialización salvaje y descontrolada, la inserción global a todo coste no es solución para menguar las desventajas competitivas y los bajos niveles de la competitividad.

El autor trata a la globalización como un proceso histórico de expansión del capitalismo y que data de hace más de quinientos años.

El tercer texto que se comentó fue el de la CEPAL de integración regional de los años 2002 y 2003. Los compañeros señalaron que el texto trataba los siguientes temas: Mercosur, los procesos de facilitación comercial, los intentos de acuerdos con otros bloques regionales, las metas del Mercosur, etc.

Y el cuarto y último texto fue el de Bauman sobre el Mercosur también los aspectos generales que trata este texto son: La cuestión de la integración económica entendida como desarrollo la cual lleva siendo un problema desde los años cincuenta. Las finalidades del Mercosur como agrupación para reimpulsar el comercio, crear las condiciones necesarias para que se den economías de escala, que permita a las economías de la región integrarse en el mercado internacional. Los compañeros acaban concluyendo que el Mercosur sólo son buenas intenciones, que Brasil tiene un excesivo peso en la agrupación con lo que sus interese están sobredimensionados, a parte de una clara descordinación  política que hace del futuro del proyecto un dudoso destino.

Observación: Alberto nuñez Nafría

lunes, 27 de mayo de 2013

Reunión 6: Situación social y economía informal

Reunión del 21 de mayo. Resumen del observador

En líneas generales se puede hablar de una ligazón temática y argumental en torno a los textos de Gerstenfeld, Franco y Sáinzy Arragiada, por lo que algunos aspectos complementan y profundizan otros creando una interconexión entre los mismos.

Respecto al texto de P. Gerstenfeld Acceso al bienestar y movilidad socioeconómica en América Latina” comienza analizando las transformaciones en la estructura de los sistemas productivos y el desafío que se presenta al Estado al respecto, es decir, tiene que redefinirse su papel ante la globalización y el asentamiento del mercado como asignador de recursos.

En la década de los ´90 se produce una paradoja, ya que aunque existe progreso también se da un grado de insatisfacción al contar con menos oportunidades. Todo ello basado en el eje del consumo y de las expectativas que se derivan de ello, fundamentalmente cuando se relaciona menos consumo con menos bienestar y, por lo tanto, menos estatus social.

La contradicción se da por las oportunidades para integrarse en la sociedad de consumo pero al existir la gran concentración de ingresos, de capital, en pocas manos, se produce una desigualdad económica.

La movilidad social, por tanto, se vincula a la capacidad de consumo, pero dado el empuje de la economía informal, se debe tener en cuenta que puede producirse una ascenso frágil y coyuntural que no refleje con firmeza la situación existente.

Por otro lado, se estudia la movilidad socioeconómica, que es posibilidad de superación de la realidad de los antecesores y su status socioeconómico. En ese sentido el nivel educativo es fundamental, ya que condiciona la inserción laboral y por lo tanto, la posición y el acceso al bienestar. Existen cuestiones hereditarias, como que el nivel educativo familiar condiciona el nivel de ingresos. Si es alto en un caso suele ser alto en el otro y viceversa.

Se analiza también que la desigualdad tiene una vertiente estructural y constante en América Latina y se expone a través del índice de Ginny, por ejemplo, el caso de Brasil con 0.62 (cuanto más cerca esté del 1, entre 0 y 1, es más desigual).

Es probable que aun teniendo un PIB alto, si éste es concentrado en pocos segmentos de la población, se producirá más desigualdad, aunque la tendencia económica sea de crecimiento.
Los ricos son más ricos, los pobres han mejorado, pero existe una gran frustración de capas medias, sectores intermedios, que se ven incapacitados para optar a cotas altas de consumo que les dotes de bienestar y estatus social.

Al respecto del texto de R. Franco y P. Sáinz  “La agenda social latinoamericana del año 2000” se analiza el modelo de producción de América Latina en los ´90 y que no hay redistribución del crecimiento. Los cambios políticos son condicionados por la vulnerabilidad financiera y el paradigma de la estabilidad económica. Se produce una confrontación entre perspectivas relativas y perspectivas reales.

Uno de los ejes básicos del texto es que el crecimiento económico no significa el reparto de la riqueza, por lo que entonces se producen brechas sociales y desigualdades. Existe una insatisfacción notable de la opinión pública y una preocupante dificultad juvenil para encontrar trabajo en base a la formación adquirida.

Uno de las claves que ofrece es que hay que gastar eficientemente en aspectos fundamentales como vivienda, acercar el mercado al área rural, acceso al agua y reparto de la tierra, además de en capital humano, siendo el aspecto formativo fundamental para una mayor prosperidad, así como una compensación a los grupos sociales más vulnerables para asegurar la cohesión social, lo cual no significa la homogeneidad.

Como dato concluyente se analiza que en el año 200 tan sólo 1/3 de la población latinoamericana estaba integrada en el consumo.

El texto de I. Arriagada “Cambios y desigualdad en las familias latinoamericanas” aborda el aspecto demográfico, cómo la desigualdad económica influye en la estructura de las familias. A menos ingresos suele haber más miembros en la familia y, sobre todo, más hijos dependientes económicamente.

También las familias han sido influidas por la modernidad económica, y además de la familia tradicional han surgido nuevos modelos. Fundamentalmente monoparentales donde la jefatura es femenina y su status es de extrema pobreza.

Se aborda el papel de la mujer y la visión de género siendo uno de los ejes, ya que la incorporación de la mujer al mercado de trabajo ha continuado con las transformaciones familiares y ha dado mayor visibilidad y posibilidad de participación política a las mujeres.

Sin embargo, el texto carece de perspectiva de clase, donde no se analiza las diferencias entre las mujeres de clase alta y las mujeres pobres al respecto del reparto del trabajo doméstico o la visibilización social.

La conciliación familiar-laboral no existe por lo que se produce una doble tarea (como asalariada y como trabajo doméstico; y en ocasiones una tercera tarea comunal) y no ha habido políticas favorecedores de conciliación. También se dan diferencias interregionales.

El Estado debe tener el papel de redistribución e inclusión para paliar los déficits coyunturales y estructurales, por lo que habrá que reforzarlo como sujeto activo en la toma de decisiones económicas y de políticas públicas, ya que en las décadas anteriores ha sido incapaz.

El texto de G. Ranis y F. Stewart “Crecimiento económico y desarrollo humano en América Latina” basa sus ejes en la sanidad y la educación y en los nexos del desarrollo humano con el crecimiento económico, en esa dirección.

Realiza dos estudios, uno a nivel mundial y otro a nivel de América Latina y concluye que se produce una división en 4 grupos: virtuoso (alto desarrollo humano y alto crecimiento económico), vicioso (bajo desarrollo humano y bajo crecimiento económico) y dos sesgos: los que se decantan por comenzar por el desarrollo humano para llegar al crecimiento económico acaban siendo virtuosos y los que se decantan por el crecimiento económico para llegar al desarrollo humano acaban en el grupo vicioso. Se establecen tres países positivos (Chile, Costa Rica y México) y tres negativos (Jamaica, Guyana y Nicaragua).

La estabilidad es fundamental para ostentar grupo virtuoso, aunque las categorías no sin fijas e inamovibles, dependiendo de la coyuntura, el contexto y circunstancias concretas se pueden desplazar hacia un grupo o hacia otro.

El debate fundamental es si se debe promover en primer lugar el desarrollo humano antes que el crecimiento económico para llegar a éste último a través del primero o si se debe postergar el desarrollo humano mientras se fomenta el crecimiento económico.

Observación: Imanol Royo Bouzón

viernes, 17 de mayo de 2013

Reunión 4: Industria

 Reunión del 7 de mayo. Resumen del observador
TEMA: INDUSTRIA

Texto KATZ, J. “Cambios estructurales y productivos en la industria latinoamericana, 1970-1996”, Revista CEPAL, octubre 2000.
-          Hincapié en los años 90. División en áreas:

·         Cono Sur: bienes intermedios estandarizados.

·         Centroamérica y México: plantas de montaje con bajos salarios.

Consideraciones tecnológicas:

-          Importación. Abaratar producción. Apertura y privatización de la industria. En Centroamérica la mano de obra barata supone disminución de la misma sustituida por tecnología. La nueva industria absorbe menos mano de obra → incompatibilidad entre desarrollo y capacidad de absorción de mano de obra.

-          En un primer momento cuesta implementar el proceso tecnológico. Balanza comercial deficitaria y problemas de inserción internacional.

La llegada de capital extranjero implica que la economía se centre en sólo las ramas de producción más rentables. En Argentina y México se destruye empleo con este modelo mientras que en Chile no, por lo que puede haber variaciones interregionales.

El proceso de industrialización en América Latina creó la mitad de empleo que el proceso industrial estadounidense debido a la incorporación de tecnología.

Texto PERES, W. “El lento retorno de las políticas industriales en América Latina y el Caribe”, Revista CEPAL, abril 2006.

-          Cómo implementar políticas públicas en la industria.

-          Relación público-privada.

-          Para industria fuerte → reforzar instituciones estatales y mejores y más fluidas relaciones estado-industria.

-          Los sindicatos han quedado fuera de estos procesos.

Políticas industriales → importancia de la debilidad del estado en ciertas áreas (casi desaparición del mismo, las estructuras del estado no alcanzan todo el territorio) lo cual deriva en falta de inversión pública.

Tipos de políticas públicas:
-          Las que continúan las del periodo de industrialización de sustitución de importaciones.

-          Apoyo a conglomerados productivos (políticas mesoeconómicas) como áreas industriales.

-          Elevada concentración (telecomunicaciones, monopolios naturales).

-          Políticas sobre ciertos sectores más competitivos para incentivarlos.

Problema de la llegada de capitales extranjeros: destrucción de industrias foráneas tradicionales que son menos competitivas.

La ocupación y prioridad en muchas ocasiones de los gobiernos nacionales no ha sido la creación de empleo de calidad y estable sino el control de la inflación, a veces a cualquier precio.
Observación: JESÚS MACÍAS ESPINOSA